Una marca de nacimiento que se convirtió en caparazón


Un niño colombiano con un tumor de nacimiento que creció tanto que le llegó a cubrir toda la espalda. El tumor era tan grande y consistente que parecía un caparazón, por lo que el pequeño era conocido como El Niño Tortuga.

@Vaya_Noticias.- Con tan sólo 6 años, Dieder de Montalvo, más conocido como El Niño Tortuga, ha llamado la atención de los más reputados cirujanos de todo el mundo. Nació con una enfermedad, nevus melanocítico congénito, que lleva años condicionándole la vida. Es una especie de tumor benigno que ha ido creciendo a medida que lo hacía el niño hasta el punto de que le ha llegado a abarcar toda la espalda. De ahí que algunos le llamen niño tortuga, ya que el nevus melanocítico parecía un caparazón.

A causa de esta enfermedad, él y su familia fueron rechazados por sus vecinos en una población indígena de Colombia. Su madre, incluso, ha llegado a culpabilizarse a sí misma por ver, durante el embarazo de Dieder, un eclipse solar. Supersticiones aparte, cuando el cirujano Neil Bulstrode vio las fotos del pequeño en un periódico local sintió la necesidad de ayudarle. Gracias a una operación -en el Hospital Great Ormond Street de Londres- que la familia nunca hubiera podido pagar, la vida de Dieder ha cambiado por completo. Ha dejado de ser El Niño Tortuga para siempre. Ahora, simplemente es Dieder de Montalvo, un niño normal que podrá volver a relacionarse con normalidad en su aldea.

El nevus melanocítico congénito lo padecen uno de cada 20.000 recién nacidos, pero las enormes proporciones que alcanzó en el cuerpecito de Dieder son mucho menos comunes, si bien se conocen bastantes casos similares. De hecho, estas verrugas gigantes poseen un nombre médico propio: nevus vestimenta, llamado así porque es tan grande que parece una prenda de vestir. Pese a que se trata de una anomalía conocida, el cirujano que operó al pequeño colombiano asegura que nunca había sabido un caso tan llamativo como éste.

Una vez extirpado el caparazón, Dieder y su familia podrán llevar una vida normal. El hechizo del eclipse solar que contempló su madre durante el embarazo se ha roto. Ahora, podrá jugar con los demás niños de la aldea y nadie, nunca más, le llamará bicho raro.

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