Un trasplante de heces salva la vida de un niño


Caca, sí; eso es lo que le salvó la vida a un niño estadounidense de dos años. Ningún tratamiento obtuvo el resultado esperado durante los nueve meses que padeció una enfermedad gastrointestinal provocada por una bacteria mortal.

Jesse y su madre, Tatum
FUENTE: http://www.dailymail.co.uk

@Vaya_Noticias.- ¿Cómo se realiza un trasplante de excrementos? Tanto al donante –en esta ocasión, la madre- como al receptor de las heces, se les introduce un tubo por la nariz que llega hasta el intestino; en el caso del primero, para extraer las deposiciones y en el segundo, para introducirlas. Vamos, que la caca entra y sale por la nariz (si bien también existe la opción de llevar a cabo la operación mediante una colonoscopia). Está claro que se trata de un procedimiento no apto para escrupulosos.

La siguiente cuestión es ¿cómo pueden los zurullos salvar una vida? Transfiriendo bacterias beneficiosas al intestino del paciente. Puede, entonces, que éste sea un claro ejemplo de la existencia del ying y el yang, puesto que, si en todo lo bueno hay algo malo y en todo lo malo hay algo bueno, la mierda –con perdón- no podía ser menos. Y no es un descubrimiento del hombre: la Naturaleza, que es muy sabia, siglos experimentándolo; las crías de koala comen las heces de su madre durante un tiempo para proteger su débil estómago de bacterias dañinas.

Jesse (así se llama el protagonista de esta noticia) tenía una bacteria nociva, la C. diff, que puede ser mortal y que, normalmente, la provocan antibióticos que el cuerpo no es capaz de asimilar de manera adecuada.

Lo importante es que ha superado la operación con éxito después de nueve meses de todo tipo de tratamientos infructuosos. Su madre, Tatum Williams, asegura que Jesse se recuperó, casi completamente, dos días después del trasplante realizado en el Hospital Sinaí de Baltimore (Estados Unidos).

Los pediatras que trataban a Jesse no se atrevieron a operarle, por lo que el Doctor Sudhir Dutta, director de Gastroentología del mismo hospital, obtuvo un permiso especial para hacerlo. Ya había realizado varias operaciones de este tipo en adultos, pero al tratarse de un niño tan pequeño, los riesgos eran mucho mayores. Por suerte, todo salió bien y Jesse ha recuperado las ganas de jugar.

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